El interés del Señor resucitado
Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas. (Juan 20:15-18)
El pacto de Emanuel que Dios le prometió a Abraham se cumplió cuando Él dio el Espíritu Santo.
Antes de morir, Jesús ya había prometido varias veces acerca del Espíritu Santo. En Juan 14:16 dice: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”. Dice que cuando venga el Consolador estará para siempre con nosotros.
Luego, acerca de la venida del Consolador, dijo así: “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Jn 14:19). Y en el versículo 18: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”. También dijo: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn 14:20). Como hizo estas promesas, ahora está haciendo aquella promesa de “ahora iré al cielo y volveré”. Esto no es que Jesús esté hablando acerca de su segunda venida, sino que, hablando de la venida del Espíritu Santo, dijo: “Vendré a vosotros”. Por eso, cuando dijo “vendré a vosotros”, no debemos pensar solamente en la segunda venida de Jesús. En este momento, el interés de Jesús está puesto en gran manera en que “va a enviar el Espíritu Santo”.
Pero María, al ver a Jesús, seguramente quiso agarrarlo diciendo: “¡Raboni!”, “¡Maestro!”. Por eso, después de decir “No me toques”, añadió: “porque aún no he subido a mi Padre”. ¿Qué significa esto? “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre”. ¿Qué tiene que ver el no haber subido al Padre con el hecho de tocarlo? ¿Acaso su cuerpo estaba todavía tan blando que, si lo tocaban, se desharía como el tofu? ¿No es un poco extraño? ¿Alguna vez han pensado por qué dice que no lo toquen, y qué relación tiene eso con no haber subido al Padre? ¿Será porque aún no había recibido la gloria? Pero, si fuera por no haber recibido la gloria, ¿qué tendría que ver eso con tocarlo? ¿O será porque, como somos pecadores, si lo tocáramos moriríamos?
Esta palabra “tocar” nos llega así porque estamos leyendo una Biblia traducida; pero ¿cómo aparece en inglés? Aparece como “Hold on”. Esa traducción está bien hecha. Entonces, este “No me toques”, en nuestro idioma, significa “No te aferres a mí” “No me retengas”. En chino se dice 缠住 (chán zhù), que quiere decir “no te quedes colgado, aferrado a mí”; no significa “no me toques”.
Cuando Jesús dijo que volvería, en ese momento dijo que estaría con ellos para siempre. Para siempre; que ya no se separaría, sino que permanecería bien unido a ellos. Completamente hecho uno con ellos. Como Jesús había muerto y había resucitado, a María le vinieron a la memoria aquellas palabras de la promesa, y como tenía esa fe, con el corazón decidido a no separarse más, quiso aferrarse a Él y no soltarlo. Pero Jesús le dice: “No es así, todavía no”. Todavía no. “Como yo aún no he subido, ahora tengo que ir al cielo. Este todavía no es el momento de estar de nuevo con ustedes para siempre; aún no. No he subido todavía al Padre”. ¿Y por qué habla de que no ha subido al Padre? Porque en Juan capítulo 16 dijo que tenía que ir al Padre para poder enviar el Espíritu Santo. Así que le está diciendo: “Como no he subido al Padre, todavía no es el momento. Ahora tengo que ir al Padre. Por eso, no te aferres a mí”.
Y después, cuando suba al cielo y envíe el Espíritu Santo, entonces sí habrá que aferrarse. Porque en ese momento hay que dejar que el Espíritu Santo entre en mí, y hay que experimentar que Jesús está conmigo para siempre. “Solo entonces reciban ustedes al Espíritu Santo. Por completo, para siempre; no se separen, sino háganse completamente uno con el Espíritu Santo”. Más que aferrarse, se trata de hacerse completamente uno. Así que ahora Él está hablando acerca de que va a enviar el Espíritu Santo.
Por eso, justo después, cuando se apareció a los discípulos, lo que hizo fue soplar y decir: “Recibid el Espíritu Santo”. Entonces, en el corazón del Jesús resucitado, en este momento está lleno del deseo de que ellos reciban el Espíritu Santo. Porque, al hacer que reciban el Espíritu Santo, hay una obra que deben realizar en esta tierra. Deben llevar a cabo la obra que Jesús dejó.
Entonces, estas personas que todavía no han recibido el Espíritu Santo, ¿son salvas o no? Y además, ¿a quién se le da el Espíritu Santo? Aquí, en Juan capítulo 20, versículo 17, dijo así: “Mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. Es decir, ya es “el Padre de ustedes”. “Mi Padre es también el Padre de ustedes”. Y se lo dice a personas que todavía no han recibido el Espíritu Santo. ¿Por qué? Porque Jesús ya pagó el precio del pecado. Y estas personas son ahora las que creen en Jesús, las que vieron la resurrección de Jesús y creen en él, las que ya recibieron aquella palabra y fueron santificadas por la verdad; por claman “Padre”. Así que no es que uno llegue a ser hijo de Dios por recibir el Espíritu Santo, sino que los que ya fueron santificados por la verdad son hijos.
Por eso, cuando se habla de “recibir el espíritu de adopción”, no hay que confundirlo con recibir el Espíritu Santo. El “espíritu de adopción” es la palabra de Dios dada por medio del Hijo de Dios. Tal como Jesús dijo: “las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”, esa palabra es espíritu, y ese es el “espíritu de adopción”. Entonces, ¿por qué llegamos a ser hijos de Dios? ¿Por qué llegamos a ser hijos? No llegamos a ser hijos porque hayamos recibido el Espíritu Santo, sino porque recibimos el espíritu de adopción. Porque recibimos la palabra dada por medio de Jesús. Y el Espíritu Santo es quien lo garantiza.
Si no entendemos bien esto, terminamos diciendo equivocadamente: “Hay que recibir el Espíritu Santo para ser salvo”. Y también, partiendo del mismo hecho, algunos dicen: “Si yo creí en Jesús, entonces ya recibí el Espíritu Santo”. Sin haber recibido el Espíritu Santo, dicen: “Como creí en Jesús, ya lo recibí”. Esto sucede porque creen que el espíritu de adopción es el Espíritu Santo. Y otros, sobre ese mismo contenido, pero con otra interpretación, dicen: “Hay que recibir el Espíritu Santo para ser salvo”. Y si uno sigue por ese camino, termina llegando incluso a decir: “Hay que hablar en lenguas para ser salvo”. Además, después de recibir el Espíritu Santo, en lugar de querer ser testigos de Jesús, dicen: “Ah, ya estoy tranquilo, ya llegué”, y a partir de ahí comienzan a volverse perezosos y a caer. Por lo tanto, recibir el Espíritu Santo no es para ser salvo, ni tampoco se llega a ser hijo de Dios por recibir el Espíritu Santo. Es a los que ya son hijos, a los que llaman a Dios “Padre”, a quienes se les dice que reciban el Espíritu Santo.
Por eso, ahora mismo, en la Isla de Hainan, a una hermana la están atacando duramente, tratándola de hereje, desde la Iglesia de las Tres Autonomías; y las razones son dos. Una es porque enseñamos que “los demonios son la existencia de los incrédulos después de la muerte”. La otra es porque decimos que “Berea enseña que hay que recibir el Espíritu Santo por separado”. Ellos piensan que, al creer en Jesús, ya recibieron el Espíritu Santo; por eso, como nosotros decimos que quien cree en Jesús debe recibir el Espíritu Santo, atacan diciendo que eso está mal y que es una herejía.
También hay quienes, al vernos decir “reciban el Espíritu Santo”, piensan: “Ah, la característica más grande de la Iglesia Sungrak es recibir el Espíritu Santo”. Pero no es así. Para nosotros, es después de recibir el Espíritu Santo cuando apenas comenzamos. Después de recibir el Espíritu Santo se abre ese mundo maravilloso, y comienza el proceso de ir conociendo a Dios. Sin embargo, desde el nivel de ellos, hasta recibir el Espíritu Santo les parece algo tan grande que lo consideran como la estación final, como la meta a la que se llega; por eso ven eso como la característica de la Iglesia Sungrak. Pero, más allá de esa montaña, espera un mundo enorme de la voluntad de Dios, que ni siquiera imaginábamos. Cuando uno recibe el Espíritu Santo, sube a esa colina y la voluntad de Dios se despliegan ampliamente delante de uno; y de ahí en adelante quedan cosas que hay que ir conociendo a fondo, una por una.
Por eso, aunque Jesús le dijo a María “No me toques, no te aferres a mí”, ahora nosotros sí debemos aferrarnos. Si el Espíritu Santo ha venido dentro de mí, debo aferrarme a él para que nunca más se aparte de mí, para que no se apague, y para que su mover no se desvanezca. Así, con más fervor que María, oraremos para que el Espíritu Santo pueda obrar plenamente dentro de mí, para que podamos hacernos completamente uno, y para que me conmueva.
Padre Dios, te damos gracias por habernos dado el Espíritu Santo. Ya que dijiste que el Espíritu Santo ahora estará con nosotros para siempre sin apartarse, ayúdanos a honrar al Espíritu Santo, de modo que pueda obrar, trabajar y conmover libremente dentro de nosotros. Haz que, aferrándonos al Espíritu Santo, estemos siempre nosotros también allí donde el Espíritu Santo va, allí donde el Espíritu Santo obra. En el nombre de Jesús oramos. Amén.

