Servicio del Día del Señor del 8 de marzo del 2026

Pastor Sung Hyun Kim

Toda persona recibirá el juicio acorde a la palabra de Dios. Nadie está exento. Claro está que habrá personas que preguntarán: “¿Pero si yo no he recibido la palabra de Dios? Yo no sabía que existía el juicio, ni conozco su criterio. ¿Me está diciendo que yo también seré juzgado con ese criterio? ¿No es esto muy injusto?”. No se preocupe. El juicio de Dios no operará de esa manera tan descuidada. Ni siquiera significa que los que han recibido la palabra ciertamente escaparán del juicio. Esto es porque ante Dios los que escuchan la palabra no son justos, sino solo los que la ponen en práctica pueden ser justificados.

Muchos cristianos de hoy tienen la actitud de un estudiante oyente delante de la palabra de Dios. En lugar de asumir la responsabilidad tras escuchar la palabra, simplemente tratan de satisfacer su interés intelectual. También podrán pensar que, sin importar la intención, lo mejor es escuchar mucho. Sin embargo, esto no es así. Si escucha mucho y no la obedece, esto mismo podrá convertirse en algo desfavorable en el juicio. Esto es porque cuanto más hondo es el conocimiento de la palabra, el peso del castigo se incrementa proporcionalmente. La palabra fue dada para ser practicada y no simplemente para ser oída. Si escucha la palabra y no la obedece, eso en sí ya es ‘practicar’ la desobediencia.

El estándar del juicio no solo existe para los judíos o cristianos. También existe un criterio para los gentiles o los incrédulos. Ellos también pueden ver a Dios a través de la naturaleza y en sus corazones ya fue puesto este criterio. Es por eso que hay quienes odian la injusticia, se alejan de la maldad aunque los demás no los estén viendo, y llegan a sentir compasión hacia las personas en dificultad. El mismo hecho de que realizan esas obras porque saben que es lo correcto es evidencia de que ese criterio está en su corazón. Pero estas buenas obras más bien serán entregadas como evidencia desfavorable para ellos. Esto se debe a que son conscientes de ese estándar, pero ignoran a Dios, quien ha sembrado esto en ellos.

Pero ¿cómo puede el estándar del corazón convertirse en la base del juicio? Es por la conciencia. La conciencia es un ‘conocimiento compartido’. Como es un reconocimiento mutuo entre nosotros y Dios, se convierte en una evidencia imparcial y justa. El grado en que se siente la conciencia varía en cada persona. Si se desobedece continuamente la palabra y se le resiste, uno se vuelve insensible a los estímulos de la conciencia; en casos severos, como el de los herejes o apóstatas, se puede llegar a no sentir nada en lo absoluto. Por lo tanto, no debemos ignorar la voz de la conciencia. No debemos dañar nuestra propia conciencia ni la ajena. Aun en una situación donde el Espíritu Santo ayuda en la función de la conciencia, nosotros mismos no debemos considerarla como algo innecesario.

Incluso la obra que parece ser buena exteriormente, más adelante puede manifestarse como algo insignificante. Esto es porque Dios ve hasta el motivo por el cual se realizó esa obra. Por lo tanto, ante Dios, cualquier cosa que hagamos debemos intentar hacerla con un corazón sincero. Por supuesto, cuanto más lo intentemos, más nos desesperaremos por el hecho de que no podemos ser justos por nosotros mismos, llegando finalmente a arrodillarnos ante Cristo. Con nuestras propias fuerzas nunca podremos evitar el juicio. Solo debemos entregar nuestro corazón al Señor, arrepentirnos y ser transformados por Su poder. No seamos quienes administran la palabra, sino quienes son administrados por ella. Seamos personas transformadas que anhelan fervientemente la gracia del Señor.