Servicio del Día del Señor del 1 de marzo del 2026
Juicio imparcial
(Romanos 2:11-12)
Pastor Sung Hyun Kim
En muchos países del mundo, tanto dentro como fuera de los tribunales o en las instituciones jurídicas, se erige la Estatua de la Justicia. En su mano derecha sostiene una balanza y en la izquierda una espada; lo particular de esta estatua es que tiene los ojos vendados. Esto simboliza su rechazo a la parcialidad, pues al no ver el rostro del juzgado, evita juzgar según las apariencias. Sin embargo, en la realidad de los tribunales humanos, el resultado del juicio cambia drásticamente dependiendo de quién sea la persona. Quienes están profundamente acostumbrados a esta realidad parcial suelen caer en el error de pensar que Dios juzgará de la misma manera. Pero el juicio de Dios, ciertamente, no es así.
En el juicio de Dios, las condiciones externas no influyen en lo más mínimo. Lucifer era originalmente el ser más excelente de la creación, pero eso no le sirvió de ayuda al ser juzgado. Al contrario, las bendiciones que recibió fueron el fundamento para un castigo mucho mayor. Si incluso un arcángel tan excelso recibió tal juicio, ¿qué será del ser humano, que es mucho más insignificante? Dios no hace acepción de personas. Pedro, al ser testigo de cómo Dios derramaba Su gracia sobre el gentil Cornelio, confesó: “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.”
El juicio imparcial de Dios considera la situación espiritual de cada persona. Los gentiles no conocen la Ley, pero aun así serán juzgados. En su interior poseen el conocimiento de Dios; pueden discernir el bien y el mal a través de la conciencia y, mediante la creación, son testigos de Su existencia. Ese será su criterio. Por supuesto, los judíos también serán juzgados, pero su criterio será la Ley. Al haber recibido más que los gentiles, el castigo que deberán afrontar será mayor. Entonces, ¿qué ocurrirá con los cristianos, que han recibido no solo la Ley, sino también el Evangelio? A ellos se les exigirá una responsabilidad mucho más grande.
“En el día del juicio, el castigo para Sodoma será más tolerable que para ti”. Estas fueron las palabras de Jesús hacia Capernaum. Esta ciudad era especial para el Señor porque allí comenzó Su vida pública. Pero a pesar de haber visto personalmente al Unigénito de Dios y escuchado Sus palabras, lo rechazaron. Por ello, el Señor dijo que su condición final sería peor que la de Sodoma. Incluso Hebreos advierte estrictamente: “Es imposible que los que gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento”. De esta manera, el castigo que recibirá el apóstata será más pesado que el de los incrédulos.
No existe ninguna forma de sobrevivir al juicio imparcial de Dios por nuestras propias fuerzas. Esta es la razón por la cual debemos depender absolutamente de Jesucristo. Aunque somos dignos de perecer por el pecado, hemos recibido el amor de Dios. Jesucristo es el mejor regalo que Él nos ha dado y nuestra única esperanza. No debemos permitir que Él se aleje de nosotros bajo ninguna circunstancia. Él es nuestra felicidad y alegría eterna; es la justicia de Dios que nos ha revestido. Ahora, arrepintámonos de verdad y volvámonos a Él radicalmente. Comencemos con firmeza la vida de alguien que ha nacido de nuevo.


