2014.09.14 – El Dios vivo
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El Dios vivo
(Lucas 24:1-12)
Dios
Está vivo.
Él
Le dio a conocer a la humanidad que está vivo
E hizo que los hombres dependan de él;
Esta verdad la manifestó a través de la Palabra.
Dios le reveló al mundo el Hijo que se encontraba en su seno,
E hizo que a través de él
Podamos ver al Dios vivo.
A través de las obras manifestadas por Jesús
Podemos tener fe que Dios está vivo. (Juan 14:10)
Por conocer a Dios
Tenemos fe en él, dependemos de él,
Y además tenemos vida y obtenemos vida eterna en él. (Juan 5:39)
El hombre muere y no puede volver a vivir; sin embargo,
Jesús,
Aquel que era hombre, murió y volvió a vivir;
Porque Dios lo resucitó; (Hechos 2:32)
Y por él tenemos esta promesa. (Lucas 24:7)
Nuestra fe no es una religión,
Es creer en las promesas del Señor que recibimos a través del Espíritu Santo.
○ Dejemos la vida religiosa,
Y creyendo en las promesas de aquel que está vivo, seamos obedientes.
Debemos tener la esperanza en la fe que alcanza la resurrección.
○ Creer en Jesús no es perder,
Sino recibir lo que Dios ha aprobado,
Y es recibir la vida eterna.
○ Recibamos y creamos en la Palabra entregada por Dios.
Creamos en Jesús y pertenezcámosle;
Recibamos al Espíritu Santo y seamos obedientes.
※ De esta manera
Recibamos la gran gracia que nos entrega Dios
Y salvemos nuestro espíritu para que pueda tener vida eterna.
Lucas 24:1-12
1El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.
2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro;
3 y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;
5 y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea,
7 diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.
8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras,
9 y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás.
10 Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles.
11 Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían.
12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.
El Dios vivo
(Lucas 24:1-12)
Pastor Sung Hyun Kim
El Dios vivo
Dios está vivo. La única forma en que el hombre puede encontrar a Dios es a través de la Santa Biblia; en ella se encuentra la Palabra de Dios y el testimonio de aquellos que se encontraron con Dios.
La Biblia tiene dos secciones, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Podríamos decir que en el Antiguo Testamento el hombre le pregunta a Dios, “¿quién eres tú?”, y cuando Moisés le preguntó esto a Dios, en vez de decirle su nombre propio, le respondió que Él es aquel que vive eternamente. Por otra parte, en el Nuevo Testamento, Dios le pregunta a los hombres, “¿quién dice la gente que soy yo?”, a la cual Pedro respondió, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”(Mateo 16:13-16).
Igualmente, la Biblia es el lugar donde se revela la mayor verdad que hay en el Cielo y la Tierra, y es el lugar donde Dios se presenta ante los hombres (Juan 14:20-21). Aunque durante el transcurrir de la historia de la humanidad, muchas personas han perseguido a la Iglesia y han tratado de hacer desaparecer la Biblia, la Iglesia sigue existiendo y la Biblia no ha desaparecido, esto es porque Dios está vivo.
Yo te ayudaré
A través de las obras de Jesucristo, pudimos entender que estábamos bajo la maldición de este mundo, y que Él vino para salvarnos de la destrucción. Entre las maldiciones, la más clara, dominante y agonizante es la enfermedad; sin embargo, el Señor nos dio el nombre de Jesús para recibir la sanidad de nuestras enfermedades. Es maravilloso saber que los demonios huyen ante el nombre de Jesús, esto es porque su nombre está vivo.
Además de las enfermedades, el hombre se enfrenta a infinidad de situaciones, y la realidad es que nunca tendrá la certeza de que sus obras permanecerán. Cada rincón está lleno de factores que atentan contra la vida del hombre. Sumado a esto, ¿qué hay de los hijos?, ¿es el colegio seguro?, ¿es el servicio militar seguro?, ciertamente no hay nada seguro. No importa donde vayamos, el mundo en el que vive el hombre está lleno de tristeza y dolor. Sin embargo, antes que empezáramos a preocuparnos, la Biblia nos enseñó que Dios es nuestro apoyo.
Dios me ayuda
Asimismo, en la Biblia encontramos el registro de la confesión de aquellas personas que recibieron la ayuda de Dios. Encontramos repetidamente estas confesiones, “El Señor es mi roca. El Señor es mi refugio. El Señor es mi escudo. El Señor es mi fortaleza. El Señor es mi pastor”, revelando de esta manera que el Señor es nuestra ayuda. Dios nos prometió que no nos dejará como huérfanos. El servicio de adoración, o culto, es el momento para salir delante de Dios con la plenitud de nuestra fe, amor y espiritualidad, para así recibir la Palabra de aquel que nos puede ayudar.
La Palabra del Señor vivo
La Iglesia es el lugar donde el Señor ayuda a los santos a través de su amor y poder, y también, es el cuerpo que el Señor atesora. A los hombres del mundo no les importa saber si los dioses a los que adoran están muertos o vivos, sólo lo hacen por religiosidad; pero si nosotros servimos a Dios de esta manera, Él no nos ayudará.
Jesús murió, resucitó, ascendió al Cielo, y desde allí envía al Espíritu Santo. Sus palabras no son reliquias del pasado, sino palabras de vida eterna que obran actualmente en nosotros. Aquellas personas que reciben las palabras del Señor como lecciones morales de un gran hombre que falleció, y que escogen únicamente lo que les conviene o apetece, no pueden recibir la ayuda de Dios. Las palabras de aquel que vino una sola vez a este mundo para caminar por valles de muerte, no son lecciones morales, sino las palabras del Dios que nos quiere guiar a la vida eterna.
Recibir sus palabras como una carga es señal de que nuestro cuerpo todavía sigue aferrado a las costumbres del pasado. La lógica de la iglesia es diferente a la del mundo; por esta razón es razonable que el mundo odie a la Iglesia. Antes de que la Iglesia fuera odiada, nuestro Señor, que es la cabeza de la Iglesia, fue odiado. Aunque nos enfrentemos a muchas dificultades en este mundo, si deseamos permanecer vivos al estar en este mundo, debemos seguir las palabras del Señor. Si realmente entendemos que el Señor nos salvó, entonces convertiremos sus palabras en hechos a través de la obediencia (Santiago 2:18). E incluso, si naciera la duda de que Dios está vivo, debemos obedecer sus palabras sin vacilar.
El Dios que ayuda a los vivos
Dios ayuda a los que están vivos. Dios no ayuda a aquellos que sólo le buscan en momentos de crisis, sino a aquellos que reconocen en todo momento que él está vivo. Dios ayuda a los que le agradecen y confían en Él, reconociendo que está vivo (Salmos 50:7-15). No podemos perder nuestra relación con Dios por estar buscando una vida pacífica; no podemos engañarnos al experimentar las señales de la Biblia, creyendo que es por nosotros mismos, y no por la ayuda de Dios; y muchos menos, podemos sumergirnos en los deseos de la carne al perder la esperanza.
El Señor no desecha a ninguno que confía en el Dios vivo, y prometió que en el día final estarán con Él en el Cielo. Los santos deben animarse los unos a los otros en esta promesa. Debemos consolarnos al recordar que el Señor es nuestra roca, nuestro refugio, nuestro escudo, nuestra fortaleza y nuestro pastor. Desechemos la arrogancia de pensar que podemos vencer al mundo a través de nuestra propia fuerza, y confiemos nuestras vidas a Dios. El camino del espíritu que nació de nuevo debe ser una fe viva. Aunque nos enfrentemos a muchas dificultades, no podemos desesperarnos, sino que debemos confiar en el Dios vivo, Él nos ayuda.
Lo natural es que los santos que se convirtieron en hijos de Dios tengan una relación espiritual, se animen los unos a los otros y compartan la gracia. Especialmente, no podemos permitir que las personas que vienen por primera vez a la Iglesia se sientan extrañas o incómodas. La gente que viene por primera vez no debe sentirse avergonzada por la falta de conocimiento. De la misma forma en que Cristo entregó su vida y nos amó, a pesar de que no le conocíamos; tenemos que amar a los santos. Debemos conocer plenamente el objetivo por el cual el Dios vivo nos salvó, y debemos entregarle nuestra vida.
Créditos
Centro Misionero de Traducción Simuón
Resumen: Pastor Ki Taek Lee
Centro Misionero de Traducción Simuón. Departamento de Castellano
Interpretación y traducción: Ministro Da Un Chung