Estatutos

El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. Mas el que no pretendía herirlo, sino que Dios lo puso en sus manos, entonces yo te señalaré lugar al cual ha de huir. Pero si alguno se ensoberbeciere contra su prójimo y lo matare con alevosía, de mi altar lo quitarás para que muera. El que hiriere a su padre o a su madre, morirá. Asimismo el que robare una persona y la vendiere, o si fuere hallada en sus manos, morirá. Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá. (Éxodo 21:12-17)

La Ley que Dios dio es una ley dada dentro de este universo donde los pecadores viven. Dios dio esta Ley porque vio que era adecuada para que estos pecadores pudieran ser fructíferos, multiplicarse y vivir la vida más estable y pacífica. Y conforme a la Ley, Dios dijo que cualquiera que mate a otra persona debe morir.

Es muy diferente a la actualidad, donde matar a una persona se toma tan a la ligera. Dios puede permitir que una persona muera por un accidente o error con el propósito de quitarla de en medio. Pero, aun así, la persona en cuya mano se mata a otra debe morir. Incluso si fue por error. Sin embargo, Dios preparó un lugar para que esa persona huya y salve su vida: la ciudad de refugio. Permitió que tal persona huyera allí. Sin embargo, si el hombre se defiende diciendo que no fue intencional, que fue un error, y no huye a la ciudad de refugio, debe ser capturado y morir para que se haga justicia. Así que la persona es responsable, aun si haya sido por error.

No obstante, se le da una oportunidad de vivir, ya que no fue cometido intencionalmente, sino por error. La única manera de que tal persona se salve es si desea vivir. Así que debe huir a la ciudad de refugio. Pero si una persona mató intencionalmente y huye a la ciudad de refugio, debe ser sacada de allí y puesta a muerte. Es como las personas que esperan que la gracia las salve más tarde, por eso pecan todo lo que quieren. Pero Dios conoce sus corazones. Esas personas sin duda serán responsables por sus pecados.

Incluso hoy, algunos cristianos piensan que, porque pecan y se arrepienten, pecan y se arrepienten, pueden pecar deliberadamente y luego arrepentirse de ello. ¿No creen que Dios ya habría tenido eso en mente? Él tratará a todos con justicia. Cualquiera que golpee a su padre o madre debe morir. Yo veo a niños que golpean a sus madres mientras caminan por la calle. Cuando se enojan, golpean a su madre, y no solo los niños grandes, sino también los pequeños. Niños de 5 o 6 años golpearán a sus papás cuando no consiguen lo que quieren. Como son pequeños, los padres los dejan, pero el hecho de que esos niños tan pequeños siquiera piensen en eso es impactante. Y es culpa de los padres. No solo esos padres sufren daño como resultado, sino que están descuidando nuestra sociedad, permitiendo que se convierta en una sociedad tan perversa.

Nuestro Dios no quería que Israel se convirtiera así. ¿Por qué? Si se les dejaba hacer eso, aquellos que van contra sus padres podrían ir contra Dios. Los que se oponen a sus padres podrían oponerse al rey, al sacerdote e incluso a Dios. Por lo tanto, tales personas no debían vivir. Dios quería que el hombre en el futuro (nosotros) se convirtiera en Sus hijos para servir a Dios el Padre. Pero si, como hijos, están acostumbrados a golpear a sus padres, ¿qué harían con Dios cuando lo sirvan como su Padre? Por eso Dios mandó que cualquiera que golpeara a su padre o madre debía morir. Esta es la naturaleza de Dios.

Además, cualquiera que maldiga a su padre o madre debe morir. Incluso si no los golpean, si maldicen a su padre o madre, merecen ser castigados y, por lo tanto, deben morir.

Estas cosas no deben considerarse simplemente como tendencias de la época. Cuando la mamá le quita algo a sus hijos, algunos niños golpean a su mamá. Y la mamá simplemente se ríe de ello. Algunos padres simplemente se ríen y piensan que es lindo, pero la gente necesita volver a la razón. Dios ordenó que tales niños deben ser castigados con la muerte. Aunque no puedan matarlos realmente, deben recibir una lección brutal para que ni siquiera vuelvan a imaginar ir en contra de sus padres. No deben ni siquiera imaginar maldecir o golpear a sus padres.

Personalmente, no suelo pegar a mis hijos. No lo hago porque no ha habido muchas situaciones en las que necesite hacerlo. Pero si tengo algunas reglas en donde si decido hacerlo. Por ejemplo, si hablan de manera negligente acerca de Dios o del nombre de Dios. Esas cosas son inaceptables. Desde que eran pequeños, esta ha sido una regla fija. Pero, dado que una vez les di una buena reprensión, no lo volvieron a hacer.

Además, en muchos de los casos no le faltan el respeto al papá, pero en ocasiones contestan o hablan de manera grosera con su mamá. En esas situaciones, les hago saber lo que significa sentir miedo, estar aterrados. Decir que Dios es un Dios temible es una expresión insustancial. Él es un Dios aterrador. Aterrador. No es solo temible, sino aterrador, causando que todos tiemblen. No es como cuando la gente teme a los demonios, porque eso es una mezcla de disgusto y miedo.

¿Alguna vez han sentido un miedo que los hace temblar ante alguna autoridad? Yo no tuve esa experiencia hasta que fui a China y los oficiales de seguridad pública descubrieron nuestro lugar. Como teníamos estudiantes coreanos hospedados en nuestra casa, cuando fueron atrapados en el aeropuerto y revelaron nuestra dirección, pensamos que los oficiales de seguridad pública vendrían a nuestro lugar. Tuvimos que deshacernos de todo tipo de pruebas o documentos que estuviéramos en nuestra casa. Estábamos tratando de averiguar qué hacer cuando miramos por la ventana, y parecía que un carro de los oficiales estaba afuera. Pensamos que nos estaban observando.

Así que, por la noche, apagamos todas las luces en la casa y quemamos todos los papeles con los números de teléfono de nuestros compañeros y fotografías. Pero, como teníamos miedo de que la luz del fuego se viera desde afuera, cubrimos las ventanas del baño y los quemamos allí. Entonces, uno de los hermanos que había sido atrapado logró llegar a nuestro lugar. Estaba temblando mientras nos informaba sobre la situación de afuera. Su barbilla temblaba tanto mientras hablaba. Nos contó acerca de un sueño que tuvo la noche anterior. Dijo que en su sueño vio a uno de los maestros sangrando por todo el cuerpo y siendo atrapado. Así que, en ese momento, el hermano que hablaba y nosotros que lo escuchábamos estábamos temblando. Sabíamos que había oficiales afuera mientras este hermano nos contaba acerca de sangre o algo por el estilo, y necesitábamos terminar de quemar los documentos. Estábamos paralizados por el miedo y el temblor, como si mi corazón estuviera en mi garganta y todo mi cuerpo se estaba estremecido. Más tarde, leí en los Salmos algo similar: “mis huesos se estremecen…”. Toda la situación era aterradora. Pero, ¿qué son esos oficiales que debemos sentir terror?

Sin embargo, ¿qué tan aterrados estaríamos ante Dios? ¿Qué tan temible es la Ley que Dios dio? Un Dios así dice que cualquiera que maldiga a su padre o madre debe ser condenado a muerte. ¡Esto demuestra cuán temible es la autoridad de los padres! Así que, primero debemos conocer ese temor antes de conocer la gracia. Necesitamos conocer este temor lo suficiente antes de darnos cuenta de lo que es la gracia. Pero muchas personas hoy en día llegaron a conocer la gracia antes de conocer el temor, por lo que en sus corazones surge el sentimiento de haber recibido lo que merecían.

Por eso, algunos niños incluso dicen lo imaginable a sus padres cuando los padres preguntan: “¿Cómo pueden hacernos esto cuando les dimos l vida y los criamos?” Ellos dicen lo que nunca debería salir de sus bocas: “Fueron ustedes dos quienes se juntaron porque se gustaban y terminaron teniéndome, ¡así que por qué me culpan a mí por eso?” En realidad, hubo un niño que dijo esto a sus padres, aunque no recuerdo de dónde lo escuché.

Ellos están hablan de esa manera. No consideran la gracia como gracia. La toman como algo obvio. Tal vez haya personas que tengan esa actitud ante Dios también. Es absurdo. Ni siquiera queremos pensar en ello. Pero, ¿qué dicen las personas? “¿Por qué debería ser usado por Dios? ¿Por qué Dios nos toma como sus herramientas? ¡Entonces fue solo para Su beneficio que nos creó!” Y de esta manera, argumentan contra Dios. Las personas ya tienen ese desagrado hacia Dios.

Por lo tanto, su actitud está lejos de ser correcta. Sin darse cuenta primero de cuán temible es Dios y quiénes somos delante de Él, las personas terminan tomando por sentado la gracia que se les da para convertirse en Sus hijos. Tomaron la gracia como algo trivial y la dan por sentada. Esas personas toman la gracia a la ligera, por lo tanto, son capaces de abandonarla fácilmente después.

Por esta razón, Jesús también dijo que debemos aprender primero de Moisés y los profetas. Primero, aprender cuán temeroso es Dios. Si alguien quiere educar a sus hijos para que realmente aprecien lo que es la gracia y sean usados por Dios, es muy importante que les enseñe que deben temer a sus padres. Sin embargo, si alguien educa a sus hijos con gracia cuando son pequeños y luego los educa con la Ley más adelante, los niños comenzarán a desviarse. Empezarán a apartarse y resistir. En lugar de eso, deben ser educados con la Ley durante la infancia y luego criarlos con gracia cuando hayan crecido.

Así, el evangelio es en realidad la palabra de Dios dada a los maduros. Es porque Dios considera que una persona está en un nivel aceptable que Él le da el evangelio. Y aunque esté en un nivel aceptable, aún le falta mucho, por lo cual Él da el Espíritu Santo para ser dignos. Pero si a una persona que está muy por debajo del nivel se le da gracia, no sabrá cómo apreciarla y se volverá impertinente.

Sin embargo, una persona humilde hará aún más por aquellos que le hacen el bien. Por otro lado, las personas que son algo deficientes serán groseras con aquellos que son amables con ellas, pero se comportarán bien con aquellos que son estrictos. Estas personas deben ser enviadas de nuevo a la Ley. Si a alguien se le da más libertad y se le muestra gracia, si se pude controlar a través de la Ley, sería lo más ideal. Y se le daría más libertad. Por esta razón, Dios otorga Su gracia y da el Espíritu Santo para que le sirvamos de esta maravillosa manera.

Dios es más que capaz de sacar de nosotros las acciones que Él desea al darnos temor. Pero Él no quiere hacerlo de esa manera. Dios quiere que hagamos las cosas por amor a Él. Por eso, se requirió un largo tiempo.

Cuando entendemos el corazón de Dios, nos humillamos al recibir Su gracia. Cuando Dios dio la gloria del cielo a Su Hijo y así le otorgó la gracia, la respuesta del Hijo fue: “No merezco esto. Déjame quedarme en tu casa como un siervo, Padre.” Esta fue el corazón del Hijo. Pero el Padre aún lo trató bien como un Hijo. Cuanto más lo trataba así, más humildemente el Hijo se rebajaba para servir a Su Padre. ¡Qué relación tan hermosa! Ellos no intentan exaltarse a sí mismos.

Por lo tanto, cuanta más gracia recibimos, más debemos humillarnos y decir: “Soy un siervo. Soy un siervo de Dios.” Pero la gente piensa: “Pero yo recibí gracia. Soy Su hijo. Los incrédulos viven en lujo y gastan todo su dinero, por lo que los hijos de Dios tienen más derecho a vivir de esa manera. Tenemos todo el derecho de conducir autos bonitos y vestir ropas finas.” Ellos habían desarrollado la Teología de la Prosperidad, y durante un tiempo, fue bastante influyente.

Lo que afirman es cierto en cierta medida. Pero no es lo que complace a Dios. Por eso, el apóstol Pablo dijo que todas las cosas le son lícitas, pero no todas le convienen. Y esto es para que todo su trabajo no sea en vano y para que reciba una recompensa en el cielo. Por lo tanto, cuando Él nos exalta, debemos humillarnos aún más. Sin embargo, hay algunos que son rebeldes y tratan de exaltarse a sí mismos.

La razón de esto es que estas personas no han recibido gracia. Debido a que nunca tuvieron la experiencia de ser exaltados, tratan de elevarse a sí mismos. Sin embargo, cualquiera que entienda cuánto Dios nos exalta ya tendrá la base en su interior. Así que, no importa lo que digan los demás, están seguros de que Dios los levantará. Por lo tanto, no se desaniman, incluso si otros intentan derribarlos. Pero una persona que nunca ha sido exaltada tiende a tener un complejo de inferioridad y por lo tanto intenta exaltarse cada vez que otros lo rebajan.

Por ejemplo, si una persona realmente atractiva es llamada “¡Hombre, eres feo!” Ella simplemente lo ignorará, diciendo, “Sí, soy feo.” ¿Saben por qué? Porque sabe que es guapo. Pero las personas que piensan que son feas son lastimadas y se ofenden si alguien les dice que son feas. Esa emoción simplemente los golpea. Pero si uno tiene una base sólida de cuán grande es la gracia que ha recibido, constantemente se humillará ante Dios. “Soy un siervo. Soy siervo de Dios.” Oremos para que, ante nuestro temeroso Dios, podamos entender lo grande que es la gracia que hemos recibido de Él y verdaderamente humillarnos ante Él para que nos determinemos a servirle como siervos.

Dios Padre, gracias por otorgarnos Tu gracia, salvándonos a nosotros, que éramos pecadores destinados a la muerte, y tomarnos como Tus hijos. Padre Dios, ya que hemos recibido tan gran gracia, ayúdanos a permanecer firmes en ella, para que nos humillemos estrictamente delante Tuyo, pero sin temor. Ayúdanos también a no caer en la tentación de buscar exaltarnos ante los demás. Aunque seamos despreciados, rechazados o miren con desdén, ayúdanos a no ser tentados a defendernos o exaltarnos. Que nuestros espíritus y almas estén siempre llenos de gran gozo y felicidad, que proviene del hecho de que Tu nos has exaltado. Ayúdanos a humillarnos completamente como aquellos que hemos recibido gracia y trabajar como siervos. Hemos orado en el nombre de Jesús, amén.