El mediador perfecto

Subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está enfrente de Jericó; y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan, todo Neftalí, y la tierra de Efraín y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar occidental; el Neguev, y la llanura, la vega de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Zoar. Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá. Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy. Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor. Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días; y así se cumplieron los días del lloro y del luto de Moisés. (Deuteronomio 34:1-8)

Esta persona no murió porque su ciclo de vida natural hubiera llegado a su fin. De hecho, se dice que sus ojos no se oscurecieron, ni perdió el vigor, y aun así murió. Así, cumplió completamente el llamado de Dios y murió conforme a la voluntad de Dios. Esta verdad histórica se convierte hoy en una parábola para nosotros, mostrando que a través de la Ley —representada por Moisés—, con las obras de la carne, no podemos entrar al reino prometido de Dios. Josué fue el sucesor de Moisés, quien condujo a los israelitas después de él. El nombre de Josué en realidad significa Jesús. Es el mismo que Jesús. En arameo es Jesús, también en griego, pero en hebreo es igual a Josué.

Entonces Josué condujo al pueblo a la tierra de Canaán. De la misma manera, Jesús nos conduce hasta el cielo. Por lo tanto, los eventos del pasado nos revelan la realidad que habrá de cumplirse. Moisés también fue un mediador. Fue el mediador de Dios. Un mediador no toma partido, sino que representa a ambas partes. Existen mediadores entre personas. A veces, puede ser difícil encontrarse cara a cara con alguien, y otra persona actúa como mediador. Por esta misma razón se envían embajadores. Ellos cumplen una función de intermediarios entre naciones.

Sin embargo, es difícil para los mediadores en este mundo transmitir o comunicar completamente y de manera perfecta el mensaje de una parte a otra. A pesar de sus esfuerzos, siempre hay limitaciones. ¿Quién querría cometer errores siendo el mediador entre países? Pero debido a sus límites y errores, puede que no realicen bien su labor. Pueden recibir críticas por ello. Incluso puede generar problemas para su país. En Corea del Sur, cuando se firmaba el TLC, hubo errores en las traducciones que solo beneficiaban a Estados Unidos, pero que perjudicaban a Corea del Sur. Así fue como se llegó a entender.

La gente no tenía idea, sino que lo descubrieron más tarde. Con este ejemplo, el traductor no hizo un buen trabajo como mediador. De esta manera, los hombres carecemos de habilidades. Además, somos pecadores, por lo tanto, buscamos mediar desde nuestro propio punto de vista. Aunque estemos transmitiendo un mensaje, tendemos a considerar lo que nos beneficia e, inconscientemente, lo transmitimos en el mensaje. Así que, cuando una persona habla, dependiendo de cómo se transmite a través del mediador, el receptor puede tener una impresión o entendimiento completamente distinto al que se había querido comunicar.

Si las personas fueran conscientes de esto, tendrían mucho más cuidado. Pero la gente suele no prestar gran atención y con facilidad se pone en contra de los demás. Hay un proverbio judío que dice que Juan habló sobre Pablo. Lo que podemos aprender de eso no es acerca de Pablo, sino de Juan. Oímos sobre Pablo a través de las palabras de Juan, pero ¿a quién llegamos a conocer en realidad? Podríamos pensar que es a Pablo, pero en realidad estamos conociendo a Juan, quien habló sobre Pablo. No sabemos mucho sobre Pablo.

De la misma manera, podríamos oír de alguien que es una persona exigente o extraña. Pero cuando lo conocemos en persona, nos damos cuenta de que no se parece en nada a lo que habíamos escuchado, sino que en realidad es alguien amable. Es cuando escuchamos a otros sin tener una postura objetiva que se forma este tipo de prejuicio.

Esto también puede ocurrir entre iglesias. En un caso reciente, nosotros, la Iglesia Sungrak, actuamos como iglesia guardiana. Luego hay iglesias filiales, y a veces, dentro de la misma ciudad, puede establecerse otra iglesia filial. Entonces, también tienen una iglesia madre que actúa como guardiana. Si esas iglesias no tuvieran ningún vínculo entre sí, no habría problema. Pero como ambas son iglesias bereanas, los miembros pueden ir y venir entre ellas, escuchando la prédica de una y luego el de la otra.

Cuando esto ocurre, el pastor actúa con mucha cautela. Pero los miembros pueden hablar de manera imprudente, diciendo: “Por eso nuestra iglesia es mejor. Nuestro pastor dijo que nuestra iglesia es la legítima.” Y otros que escuchan esto van a la otra iglesia y dicen: “Los de aquella iglesia dijeron que la nuestra no es legítima.” Lo dicen porque así lo interpretaron. Y luego van más allá y se lo cuentan al pastor.

Entonces el pastor informa esto a la iglesia madre, diciendo que tal persona dijo tal cosa. Las palabras iniciales se malinterpretan varias veces. Al final, ambas iglesias terminan con una idea equivocada. “¿De verdad dijeron eso sobre nuestra iglesia?” “¿De verdad dijo eso el Pastor Ki Taek Lee?” Y la gente ni siquiera se toma la molestia de verificar si es verdad lo que se dijo. Sería mejor si lo confirmaran y comprobaran lo que realmente se dijo, pero no lo hacen y simplemente asumen lo que se dijo.

Entonces, cada parte intenta defenderse en esa situación, y comienzan a intercambiar más palabras entre ellos, diciendo: “No, eso no es lo que quisimos decir. Esto es lo que realmente queríamos expresar.” Pero eso solo empeora las cosas. Al final, todos terminan heridos. Todo ocurre porque los intermediarios hablaron según lo que sentían. Los miembros de la iglesia no piensan mucho en estas cosas. Para ellos, todo se trata de “mi iglesia” y de decir lo que les parece para justificarse.

Dentro de una organización, hay una persona principal a cargo, luego un gerente, y finalmente los empleados de nivel más bajo. Pero digamos que algunas personas se reunieron con el presidente de la organización. Luego le dicen a los demás que el presidente les dijo ciertas cosas. Pero ellos mismos saben exactamente lo que el presidente realmente les dijo. Convencen al presidente de hacer algo como un nuevo proyecto, diciéndole que es absolutamente necesario. Y el presidente escucha y les da permiso. Luego, esas personas le dicen al resto del personal que fue el presidente quien les ordenó iniciar el nuevo proyecto. Y cuando ven a alguien haciendo algo diferente a su idea, le dicen que el presidente dijo que no debía hacerlo. Pero esta persona va directamente al presidente a preguntarle si realmente dijo eso. Y el presidente no tiene idea de lo que está hablando, porque en realidad nunca dijo tal cosa.

Al actuar así, estarían traicionando al presidente si no tienen cuidado. Por favor, no vayan por ahí traicionándome. No digan que yo les mandé hacerlo. En realidad, esto hace que la gente actúe por su propio beneficio llevando el papel de intermediarios. Tal como cambian las palabras del presidente cuando se las comunican al resto del equipo, y hacen lo mismo cuando informan al presidente. Como resultado, están causando división.

Aunque el hombre se esfuerce mucho por hacerlo bien, ¿cómo puede llevarse a cabo una mediación cuando las intenciones del hombre son malas? Sin embargo, Jesús, quien es el mediador entre Dios y nosotros, no tiene ningún interés propio; ha eliminado por completo sus propios intereses. Por eso pudo revelarnos a Dios completamente desde la perspectiva de Dios. ¿Qué pasaría si tuviera siquiera un poco de interés personal? ¿Puede el hombre comprender plenamente a Dios? Tendría un concepto erróneo acerca de Dios. ¿Cuál es el resultado de un malentendido? La división. Así es como el hombre y Dios terminan separados. Pero Jesús entregó Su propia vida precisamente para revelar a Dios desde la perspectiva de Dios, sin ningún interés personal o ganancia propia. Si Él testificó sobre Dios entregando Su vida, es prueba de que reveló a Dios solo desde la perspectiva de Dios, y no desde el suyo propio.

Asimismo, Jesús también debe hablar con Dios desde la posición del hombre. Pero imaginemos que guarda rencor contra el hombre por haberlo crucificado en la cruz y no quisiera que el hombre participara al cien por ciento de Su gloria. ¿Y si dijera: “¿Cómo se atreven esos humanos que me atormentaron a compartir por igual la gloria que yo he de recibir? ¿Cómo se atreven a sentarse a mi derecha y a mi izquierda para comer?” y hablara de nosotros de forma distinta ante Dios? ¿Qué sucedería? Nos alejaríamos Dios.

Sin embargo, Jesús no tenía tal pensamiento, sino que sinceramente deseaba lo mejor para nosotros. Por eso dijo que deseaba que tuviéramos todo lo que Él tiene. Incluso oró al Padre diciendo: “Padre, que ellos tengan todo lo que tú me has dado. Que tengan el mismo amor con que tú me has amado. Concédeles el Espíritu Santo que tú me has dado.” De esta manera, Él sigue obrando como nuestro mediador delante del Padre.

Por lo tanto, el único que puede mediar perfectamente entre ambas partes es Jesucristo. Él es verdadero hombre y verdadero Dios. Así, al tener encuentro con Él, no tenemos ningún malentendido acerca de Dios, ni Dios tiene malentendidos sobre nosotros, sino que nos acepta. ¡Aleluya! Es maravilloso.

Pero el hombre no puede hacer eso. Moisés fue escogido como el más destacado entre todos los hombres en cuanto a conocimiento y carácter. Se dice que no hubo nadie sobre la tierra tan manso como él. Por eso, con su mansedumbre, pudo aceptar y abrazar al pueblo, siendo comprensivo con los demás. No obstante, no pudo revelar a Dios por completo. Además, no pudo hablar con Dios completamente desde la perspectiva del hombre. Su capacidad era limitada. Entonces, ¿qué idea tenían las personas que conocieron a Dios a través de Moisés? Malinterpretaron a Dios. Terminaron con un gran malentendido.

Dios está lleno de compasión, pero el pueblo que conoció a Dios por medio de Moisés temblaba ante Él con temor. La capacidad del hombre es muy limitada. Del mismo modo, aunque quiera presentar al hombre delante de Dios, tampoco eso es posible con su capacidad. No puede representar plenamente al ser humano. Tampoco puede cargar con el sufrimiento de todos los hombres. Por eso, ni siquiera él pudo entrar.

Dios ya había determinado que el hombre no es capaz de lograr esto, por eso no escogió a un mediador de entre los hombres, porque esto solo es posible por medio de Dios. Así que Dios mismo vino como hombre y lo cumplió. De esa manera llegamos a conocerle al 100%. Por lo tanto, debemos dar gracias a Jesús y reconocerlo. Jesús es la imagen de Dios. Esto es lo que debemos confesar: que fue Jesús quien finalmente nos mostró a Dios tal como es. Esto es lo que debemos reconocer. Esto significa reconocer que hemos sido salvos. Entonces, si ni siquiera podemos confesar esto, ¿cómo podremos ser salvos? Jesús es el Hijo de Dios. Él recibió el 100% de la gloria de Dios, y por eso, quien lo ve a Él, ve a Dios. Porque reveló a Dios tal como es, Él es la imagen de Dios. Nos pide confesar justamente esto.

Porque ese es el Evangelio, y el Evangelio es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Así que todo esto sucedió por el poder de Dios. Así que créanlo. Crean que Jesús es el Hijo de Dios. Reconoce que al ver a Jesús hemos visto a Dios, y que al poseer el nombre de Jesús, tiene Su autoridad. ¿Qué tan difícil es confesar esto? Confiéselo y reconózcalo. Él reveló que es el Hijo de Dios y la imagen de Dios sin buscar ningún beneficio personal. Si hubiera tenido siquiera el más mínimo interés propio, eso habría causado daño a la humanidad. Pero Él lo hizo todo sin buscar beneficio propio.

De la misma manera, nosotros no debemos hacer la obra de Dios por interés propio. Si lo hacemos, habrá daño. Incontables personas sufrirán perjuicio. El impacto del pecado se extiende por todas partes. Influye y permanece incluso después de muchas generaciones. Por eso la Biblia dice que el pecado alcanza hasta la tercera y cuarta generación. No solo a la tercera y cuarta, sino que parece que la infiltración y propagación del pecado no se detendrá hasta el fin de la raza humana. A causa de la división dentro de la iglesia, hay casi 230 o 260 denominaciones en Corea del Sur. ¿Cómo podrían esas denominaciones volver a unirse? Es casi imposible. Los intereses personales de los miembros de esas iglesias causaron división, y lo mismo sigue ocurriendo, provocando división tras división. Aunque deseen volver atrás, eso solo conduce a más división. Es inevitable. Pero nosotros, que hemos recibido la gracia, debemos reconocer que Jesús es el Hijo de Dios y oraremos para que podamos hacer la obra de Dios sin buscar interés propio.

Gracias, Padre Dios, porque Jesús Te ha revelado desinteresadamente para que recibamos la bendición. Ayúdanos también a testificar de Jesucristo sin buscar beneficio propio, para que lleguemos a ser fuente de bendición por medio de la cual muchos sean bendecidos. Hemos orado en el nombre de Jesús. Amén.