Servicio del Día del Señor del 7 de diciembre del 2025
La humanidad rechaza a Dios
(Romanos 1:21)
Pastor Sung Hyun Kim
“Yo asisto a la iglesia para recibir gracia y obtener fuerzas para vivir en este mundo, pero me estresa que constantemente digan: “Arrepiéntase”, “si no, vendrá la ira de Dios”. Hoy en día la vida ya es bastante difícil, así que ¿qué bueno sería poder escuchar las palabras que den justo en la iglesia? No es que falte a los cultos ni que ande cometiendo pecados, pero me resulta injusto que me traten como si fuera una persona con problemas.” ¿Acaso tiene usted pensamientos como estos? Si es así, es necesario reflexionar si no hemos perdido la urgencia que exige el evangelio. Y si ese es el caso, no se trata simplemente de debilidad, sino de que la naturaleza pecaminosa del ser humano, que rechaza a Dios, sigue aun operando.
El rechazo a Dios se manifiesta en una actitud que no le glorifica. Glorificar a Dios no consiste en exaltarlo de manera forzada, sino es reconocer la gloria que Él posee por naturaleza. Este es el deber que toda criatura debe cumplir delante de su Creador, pero el ser humano se resiste en aceptar este orden fundamental. Lo mismo ocurrió con Israel, que vio directamente cómo la gloria de Dios descendía sobre el santuario. Ellos rechazaron a Dios y, como resultado, hicieron que Su gloria se apartara de ellos. Cuando llegó el tiempo, Dios manifestó Su gloria al mundo por medio de Su Hijo Unigénito, pero aun así las personas continuaron rechazándola, incluso quienes afirmaban haber visto Su gloria.
La falta de gratitud y caer en pensamientos vanos son también evidencias de que se está rechazando a Dios. Aunque las personas disfrutan de todo lo que reciben de Dios, insisten en negarlo. Por lo tanto, no pueden vivir agradecidas, y al no haber gratitud, la posibilidad de tener fe se vuelve aún más remota. Negar a Dios es negar la realidad más grande del universo. En tal condición, por más que se busque el sentido de la vida o el valor de las cosas, la conciencia terminará siendo dominada por los deseos de la carne. Lo lamentable es que incluso los creyentes están siendo arrastrados por estas mentiras donde se oponen a la verdad.
Estos pensamientos vanos deben ser tratados con firmeza desde el inicio de la vida de fe. Si no se hace así y uno queda atrapado en la falsa información del mundo y en los pensamientos vacíos que de ella proceden, el corazón se oscurece. Como consecuencia, la influencia de Dios deja de obrar en la persona y el poder del pecado se fortalece cada vez más. Cuando el corazón se oscurece, ya no se reconoce el pecado como pecado, y ese mismo conocimiento se utiliza para justificarse con mayor sutileza. En última instancia, la oscuridad espiritual conduce a la corrupción moral, la cual se manifiesta en acciones perversas. Quienes nos encontramos en una situación tan grave no debemos ignorar la advertencia de Dios ni tranquilizarnos a nosotros mismos.
Toda la creación guarda fielmente el orden establecido por Dios y manifiesta Su gloria; sin embargo, el ser humano es el único que se niega a glorificarle y persiste en rechazarlo. Esta es la razón por el cual el ser humano no puede escapar de la ira de Dios. Hoy, a través del sacrificio de Cristo, hemos sido liberados de esa ira. Por lo tanto, esforcémonos por abandonar nuestra actitud del pasado de rechazar a Dios. Glorifiquémosle en todo y demos gracias por todo lo que Él nos concede. Rechacemos los pensamientos vanos del mundo y renovemos nuestra manera de pensar conforma a la verdad. No permitamos que nuestro corazón se oscurezca, sino llenémoslo plenamente del Señor.


