Servicio del Día del Señor del 29 de diciembre del 2024

Pastor Sung Hyun Kim

“¿No puede ser más tarde? Hagámoslo el próximo año. Seguro que tendré más tiempo entonces. Nadie nos está presionando; no hay necesidad de hacerlo ahora mismo.” ¿Realmente es esto cierto? El apóstol Pablo, en su carta a la Iglesia de Éfeso, dijo: “Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” En ese entonces, Éfeso era una ciudad profundamente corrompida, toda la sociedad era dominada por la avaricia y la mentira. Décadas después, en Apocalipsis escrito por el apóstol Juan, la iglesia de Éfeso fue reprendida por el Señor por dejar su primer amor. A pesar de esta advertencia, no se arrepintieron y, finalmente, fueron arrastrados por los días malos y desaparecieron. La oportunidad de servir al Señor nunca más les fue dada.

Todo cristiano tiene un deber dado por Dios. Esto es sostener la herencia que Dios ha otorgado a cada persona. Dios observa nuestra vida diaria con gran interés, prestando atención a cómo llevamos a cabo el deber que nos ha encomendado. Nuestra vida tiene un carácter público en el sentido de que cumplimos con el llamado que Dios nos ha dado, pero también es personal, ya que cada persona tiene un llamado específico que debe llevar. Algunas personas transforman su vida en una bendición ante Dios al cumplir una sola tarea que le fue encomendado en su vida. Esas personas, muchas veces sin saberlo, pasan décadas preparándose y esperando ese momento.

“Ya entiendo. Me encargaré de ello. Haré algo grandioso para agradar al Señor.” No, este tipo de pensamiento no está alineado con la voluntad de Dios. Para que una máquina grande funcione, todas sus pequeñas piezas deben cumplir fielmente su función. De la misma manera, la vida de fe de cada persona debe estar en armonía con toda la iglesia. Cuando la iglesia está pasando por una dificultad, si alguien desempeña un pequeño papel para resolver el problema, incluso si parece insignificante su rol, Dios lo recordará como una vida que cumplió Su propósito. Por el contrario, si alguien difama o rechaza el plan de Dios, será considerado por Dios como impío, y Él realizará Su obra a través de otra persona.

No debemos considerar los cargos que asumimos en la iglesia como uno de los muchos incidentes aleatorios dentro del flujo de las circunstancias del mundo. Aunque no lo sepamos, el cargo que se nos ha confiado puede ser algo muy importante en la imagen de Dios. Por lo tanto, no debemos usar estos cargos en la iglesia como medios para satisfacer nuestro deseo de reconocimiento personal o como una oportunidad para cumplir ambiciones de poder no logradas en el mundo. Puede que una persona ocupe un cargo por un breve tiempo, si durante ese tiempo lo cumple con fidelidad y obediencia, habrá aprovechado la oportunidad única que Dios le otorgó dentro de Su plan eterno. Es como si recatara a alguien a punto de morir pagando un alto precio, salvando así una oportunidad a punto de perderse.

Aquellos cuya vida diaria está relacionada con las obras de la iglesia deben ser especialmente conscientes de que su vida puede estar directamente conectada con el plan de Dios más que otros. Abordemos los deberes que se nos han confiado con corazón humilde y una actitud de servicio. Lamentablemente, muchos menosprecian esto y desperdician estas oportunidades valiosas. Nuestra vida no es algo que podamos construir de cualquier manera; es un camino santo que recorremos llevando la carga de la obra del Señor. Si nuestro corazón es verdadero hacia el Señor, nuestro compromiso a este camino será evidente. Toda la iglesia unámonos en amor y fidelidad y presentemos una obra digna del Señor.